La llamada telefónica que lo cambió todo en mi vida
El sol de última hora de la tarde bañaba la calle con una luz suave. Clara acababa de aparcar el coche frente al edificio donde había quedado con una vieja amiga. Apenas había apagado el motor cuando su teléfono empezó a sonar.
Miró la pantalla: «Número desconocido».
Vacilante, contestó.
—¿Diga?
Al otro lado de la línea, un silencio extraño.
Entonces, una voz masculina susurró:
—No debería estar aquí.
Clara frunció el ceño.
—¿Quién es usted?
—Mire detrás de usted.
Se dio la vuelta lentamente.
Un anciano caminaba por la acera con las manos en los bolsillos. Parecía una persona totalmente corriente, pero al cruzar la mirada con ella, se detuvo en seco.
Clara sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Me conoce? —preguntó.
El anciano no respondió. Simplemente se llevó un dedo a los labios, como pidiéndole que guardara silencio.
Por teléfono, la voz volvió a hablar:
—No confíe en ella.
Clara miró alternativamente al hombre y su propio reflejo en la ventanilla del coche.
—¿Por qué me llama?
Esta vez, la voz sonaba aterrorizada.
—Porque dentro de cinco minutos llegará alguien. Y cuando esa persona esté aquí, tendrá que marcharse inmediatamente.
Clara quiso preguntar quién, pero la comunicación se cortó.
Permaneció inmóvil unos segundos.
Entonces oyó el ruido de un coche que se acercaba por el fondo de la calle.
El anciano la miró directamente a los ojos.
Y, por primera vez, habló:
—Ha recibido la llamada, ¿verdad?
Clara palideció.
—¿Cómo lo sabe? Se acercó a ella y susurró:
—Porque recibí exactamente la misma llamada… hace veinte años.
En ese instante, un coche negro dobló la esquina.
Clara comprendió que su día ordinario acababa de dar un giro que jamás habría podido imaginar.